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Cómo el fútbol convirtió el teléfono móvil en una casa de apuestas nacional en Colombia

Caro Vallejo
Escrito por Caro Vallejo

Hay una industria en Colombia que no necesita neón ni casinos con alfombra roja para funcionar, basta una pantalla de teléfono, una notificación push a cualquier hora y un partido cualquiera transmitido desde el otro lado del mundo. Así opera hoy el negocio de las apuestas deportivas en línea, un ecosistema que creció en silencio durante años y que, con la llegada del Mundial 2026,  se convirtió en un fenómeno económico mundial.

Una fiebre que no empezó con el Mundial, pero que el Mundial disparó

Antes de que la Selección Colombia jugara su primer partido, el mercado de apuestas legales en línea ya movía cifras que rondaban los 45 billones de pesos colombianos al año en el país, según coinciden distintos reportes del sector. Pero el torneo actuó como un acelerador, esa combinación de nostalgia futbolera, transmisiones en horarios pico y una oferta cada vez más agresiva de plataformas autorizadas hizo que, durante los dos meses que duró la competencia, el volumen apostado por los colombianos alcanzara cerca de 5,3 billones de pesos colombianos, una cifra que en cualquier otro contexto sonaría a error tipográfico.

Ese número está respaldado por una arquitectura tecnológica que los usuarios no pueden ver, Catalina de los Ríos, gerente de SuperPay, plataforma transaccional que manejó la mayor parte del flujo mencionado, comentó que en las épocas de mayor actividad del torneo se llegó a mover más de un billón de pesos en pocas horas y que ese volumen fue “la prueba de fuego” para su arquitectura. Y no, no estaba hablando de fútbol, se refería los servidores, la latencia, a la probabilidad concreta de que el sistema se cayera en el momento en que miles de individuos intentaban cobrar o apostar al mismo tiempo que Colombia definía un partido en tiempo extra.

Lo que nadie mencionó en las noticias: ¿a dónde fue a parar el dinero?

El dinero apostado no se quedó por completo en las arcas de los operadores ni en los bolsillos de los jugadores que acertaron los marcadores. La normativa colombiana obliga a las compañías autorizadas a transferir un porcentaje de su ingreso neto, calculado sobre lo recaudado después de pagar los premios, directamente al sistema público de salud. La Ley 1955 de 2019 fija ese porcentaje en un 12 por ciento para juegos operados por internet. Con base en el volumen apostado durante el Mundial, el aporte estimado al sector salud estuvo entre 120.000 y 150.000 millones de pesos colombianos, según cifras divulgadas por los propios operadores.

Cuando la industria se defiende con cifras de progreso

Edgar Alberto Páez Ángel, presidente de SuperGiros, otra de las plataformas que reportó cifras récord durante el torneo, insistió en que el comportamiento de los apostadores superó cualquier proyección previa. Dijo que “los colombianos viven el fútbol con intensidad” y que el compromiso de su empresa era sostener un ecosistema confiable capaz de resistir ese nivel de tráfico. Es el discurso habitual de una industria que necesita mostrarse como motor de desarrollo tecnológico y no como una maquinaria que se alimenta de la ansiedad de miles de personas que apuestan más de lo que pueden perder.

Lo que queda cuando se apaga la pantalla

El Mundial terminó, los servidores de las plataformas de apuestas volvieron a su ritmo habitual y las cifras récord ya empezaron a archivarse en los informes del sector como un dato más de la temporada 2026.  Queda para la reflexión y el análisis si un torneo de dos meses fue capaz de mover 5,3 billones de pesos y de aportar alrededor de  150.000 millones  de pesos colombianos a la salud subsidiada de los colombianos; cabe preguntarse qué pasará el resto del año, cuando no hay Mundial ni  “ la sele” en las pantallas de los televisores.

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