China ha ejecutado a cuatro miembros de la notoria familia Ming, una organización criminal condenada por dirigir estafas a gran escala en Myanmar. Las ejecuciones se produjeron tras la aprobación por parte del Tribunal Supremo Popular de las sentencias de muerte dictadas por tribunales de la provincia de Guangdong, según medios estatales. Esta medida supone la última escalada en la campaña de Pekín contra el fraude transfronterizo en las telecomunicaciones y el crimen organizado.
Figuras clave y condenas
Los cuatro miembros ejecutados fueron Bai Yingcan, Yang Liqiang, Hu Xiaojing y Chen Guangyi. Formaban parte de los 21 miembros y asociados de la familia Bai condenados por delitos que incluían fraude, homicidio, secuestro, tráfico de drogas y la explotación de casinos ilegales.
En noviembre de 2025, el Tribunal Popular Intermedio de Shenzhen condenó a muerte a cinco acusados, entre ellos el patriarca del clan, Bai Suocheng. Este falleció posteriormente por enfermedad tras la sentencia, mientras que los demás condenados recurrieron. Sin embargo, esos recursos fueron rechazados en diciembre de 2025 y ratificados por el Tribunal Popular Supremo.
Operaciones en Myanmar
Las conclusiones judiciales revelaron que la familia Bai operaba principalmente en la región de Kokang, en Myanmar, donde estableció múltiples complejos de tipo industrial. El grupo proporcionaba protección armada a operadores de estafas y supervisaba una red de casinos, instalaciones de producción de drogas y redes de prostitución.
Las autoridades informaron de que el sindicato estafó 290.000 millones de yuanes (40.500 millones de dólares) mediante esquemas de juego y fraude. Sus actividades también provocaron la muerte de seis ciudadanos chinos, un suicidio y numerosas lesiones.
Control regional y violencia
Junto con la familia Ming y otros clanes, el sindicato Bai controlaba la ciudad fronteriza de Laukkaing, gestionando casinos, distritos de prostitución y centros de ciberestafas. Las investigaciones revelaron que la familia Bai mantenía su propia milicia y operaba 41 complejos en los que la violencia, incluidas palizas y torturas, era habitual.
En Myanmar, junto con otros países del sudeste asiático, cientos de miles de personas han sido traficadas para operar estafas en línea, según Naciones Unidas. Cientos de víctimas han perdido miles de millones de dólares en todo el mundo.

La frustración de Pekín y un giro estratégico
Según informaron varios medios, la familia Bai consolidó su poder en Laukkaing a comienzos de la década de 2000, tras la destitución del señor de la guerra local en una operación militar dirigida por Min Aung Hlaing, actual jefe del gobierno militar de Myanmar.
Para 2023, el imperio Bai, junto con otros clanes mafiosos, empezó a desmoronarse. Pekín, frustrado por la inacción del ejército de Myanmar frente a la proliferación de operaciones de estafa, cambió de estrategia apoyando a insurgentes étnicos en la región. Esto marcó un punto de inflexión en la guerra civil de Myanmar.
La ofensiva condujo a la captura de redes de estafa, con miembros y asociados entregados a las autoridades chinas, una señal clara de la determinación de Pekín de desmantelar el fraude transnacional.
La campaña nacional de China contra el fraude en telecomunicaciones lleva años en marcha y ha presionado a Myanmar y a otros gobiernos del sudeste asiático para que cooperen en el cierre de centros de estafa. A ello han seguido operaciones conjuntas y extradiciones, incluido el caso de alto perfil de Chen Zhi en Camboya.
La semana pasada, las autoridades chinas ejecutaron a 11 miembros de la mafia de la familia Ming, lo que subraya la magnitud y la severidad de la ofensiva de Pekín contra el crimen organizado a lo largo de la frontera entre Myanmar y China.
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