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Sal “The Hitman” Piacente: el arte de engañar

Jillian Dingwall
Escrito por Jillian Dingwall
Traducido por Milagros Codo

Cuando Sal Piacente abre las puertas de su mundo, no se trata solo de conocer a un asesor de casinos, sino de conocer un archivo viviente de las tradiciones del juego, los secretos de prestidigitación y una memoria que roza lo sobrenatural.

Hablé con Sal por videollamada desde su casa; las paredes estaban llenas de fotos, recuerdos e historias. Allí estaba él, descalzo, revolviendo en los armarios buscando barajas de cartas, cáscaras de nueces, guisantes y una caja de monedas para enseñar trucos. Me sentía como si hubiera estado ahí, en persona, y no realizando una entrevista a distancia.

Y esa es en gran medida la experiencia que te hace vivir Sal: un momento informal y entretenido, y siempre está un paso por delante de ti.

Una infancia marcada por las cartas y la astucia callejera

Sal nació en Brooklyn, donde su padre se aseguró de que él y sus hermanos aprendieran desde pequeños sobre las estafas callejeras para protegerlos. A los doce años, su padre le enseñó el infame juego de las tres cartas. “Esto todavía se juega en las calles”, explicó Sal mientras me mostraba los movimientos. “Cuando doy una clase a niños, esto es lo primero que les enseño”.

Esa Navidad, todo lo que el joven Sal quería eran libros de magia y juegos de manos, y los devoraba, practicando durante horas al día, decidido a dominar cada movimiento.

Sal Piacente
Sal reparte cartas en Reno. Crédito de la imagen: Dee Piacente

La escuela de blackjack y un truco de cumpleaños

A los 21 años, tras un período en el Cuerpo de Marines, Sal se inscribió en una escuela de blackjack, preparándose para trabajar en Atlantic City. Por curiosidad, le pregunté en qué año había sido eso.

“1985”, respondió.

“Yo tenía solo cinco años entonces”, pensé en voz alta.

“¿Naciste en 1980? ¿Qué día?” preguntó.

Le dije el mes y el día.

“Ese fue un lunes”, replicó al instante.

Tenía razón, pensé, mientras recogía la mandíbula del suelo. Sal puede recordar el día de la semana correspondiente a cualquier fecha de la historia, una habilidad que deja a la gente consultando sus teléfonos y calendarios con incredulidad.

Sonrió mientras me decía que, cuando cumpla 100 años, ese día caerá en domingo. Así que espero con entusiasmo esa fecha. Más vale que alguien me prepare un buen asado.

Conociendo a Dee y la apuesta que lo cambió todo

Fue durante su trabajo en los casinos cuando Sal conoció a Dee, una compañera crupier que más tarde se convertiría en su esposa y socia de negocios. Y, por supuesto, conseguir una cita con ella fue el resultado de una apuesta. Dee puede haber perdido esa apuesta, pero siempre dice que ganó el premio mayor.

Le pedí a Sal que me mostrara el mismo truco, y sacó unas monedas que parecían normales de una pila y las escondió en su mano. Tras guiarme a través de una serie de cálculos, terminé con el número final de 2,5, que mantuve en secreto. Me dijo que hacía tiempo que no hacía el truco, pero que debía tener en la mano el mismo número de monedas que mi resultado final. Como no existen 2,5 monedas, estaba convencido de que había perdido, y así se lo dije. Entonces reveló las monedas: dos completas y una tercera cortada físicamente por la mitad. 

Tomé nota mental de no volver a Nueva York sin supervisión; evidentemente, un palomo me desplumaría apenas bajara del avión.

Sal Piacente
Crédito de la imagen: Dee Piacente.

El mentor: Steve Forte

A mediados de los años 80, Sal descubrió el trabajo de Steve Forte, una figura legendaria en el mundo de la protección del juego y la prestidigitación. Forte nunca mostraba su rostro en sus cintas instructivas, pero su reputación era insuperable.

Cuando Sal se enteró de que Forte ofrecería una conferencia en Las Vegas, decidió que tenía que asistir, a pesar de tener compromisos ineludibles. Sin internet y sin un plan más allá de su determinación, logró conseguir un vuelo que le permitiera ir y volver en el mismo día.

“Solo quería estar en la misma sala que él, quería llevarme la silla en la que se sentó”, dijo Sal entre risas.

Esa decisión cambió su vida. Forte se convirtió no solo en su mentor, sino también en un amigo cercano y colaborador. Trabajaron juntos en diversos proyectos, compartieron conocimientos, e incluso Forte fue uno de los padrinos de boda de Sal.

El ascenso en las filas del casino

De regreso en Atlantic City, las habilidades de Sal pronto llamaron la atención. Durante sus primeros días como crupier, un gerente lo puso a prueba pidiéndole una demostración. Sal barajó una baraja, repartió las manos y, de algún modo, ordenó el flop para producir exactamente el resultado que había prometido.

El gerente quedó atónito. “No podemos ponerte en los juegos si la gente sabe lo que eres capaz de hacer”, le dijo. En cambio, Sal fue orientado hacia funciones de supervisión, donde sus habilidades podían usarse para proteger la casa en lugar de repartir las cartas.

Ese patrón se repitió una y otra vez. Los casinos comprendieron que los talentos de Sal no estaban destinados al piso de juego. Fue ascendido, reasignado y finalmente invitado a diseñar estrategias de protección de juegos.

Sal Piacente
Las licencias de Sal a lo largo de los años. Crédito de la imagen: Dee Piacente.

Universal: construir un negocio de protección

Juntos, Sal y Dee fundaron Universal Game Protection Development, o como a Sal le gusta decir, “UniverSAL”, enfatizando su propio nombre.

La consultora los lleva por todo el mundo, evaluando vulnerabilidades en los procedimientos de los casinos, capacitando al personal y asegurando que las estafas no lleguen a concretarse. Sal construyó su reputación no solo hablando sobre el engaño, sino demostrando exactamente cómo funcionaba. Los crupieres y los equipos de vigilancia podían ver los movimientos en vivo, lo que les daba una mejor oportunidad de detectarlos durante el juego real.

Memoria, Rain Man y ropa interior

Aunque nunca ha apostado, la fascinación de Sal por el entrenamiento de la memoria surgió precisamente del juego. Si alguien podía memorizar una baraja completa, comprendió, podría hacer trampa sin escribir nada. Ese desafío se convirtió en una búsqueda de por vida, motivándolo a leer cientos de libros y a entrenar su memoria hasta niveles extraordinarios.

Estas habilidades lo llevaron a conocer a Kim Peek, el hombre que inspiró la película “Rain Man”. Hoy, entre sus objetos de colección se encuentra uno de los pares originales de ropa interior confeccionados para Dustin Hoffman y Tom Cruise durante el rodaje, firmado por el guionista Barry Morrow. Me los señaló, enmarcados en la pared junto a fotografías de Frank Sinatra golpeando una mesa de juego y Dean Martin jugando cerca.

“En aquella época, nunca sabías con quién podías cruzarte en el piso del casino,” dijo. “Era social, emocionante. Un mundo muy distinto al de hoy.”

Antes y ahora: el rostro cambiante de los casinos

El encanto y la personalidad del piso de los casinos parecen haberse desvanecido con el tiempo. En la era de Sinatra, las salas bullían de celebridades y personajes. Sal habla con franqueza sobre cómo ha cambiado la industria. “Los casinos son demasiado grandes hoy en día,” me dijo. “En los viejos tiempos sabían quién eras; era algo muy personal. Hoy solo eres un número.”

También considera que existe una excesiva dependencia de la tecnología en algunos ámbitos. “La inteligencia artificial y la vigilancia son herramientas, pero nunca deberían reemplazar el juicio humano. Un crupier aún puede hacer trampa simplemente empujando una apuesta o cantando mal los dados. Es sencillo. Los humanos siempre encontrarán la manera.”

consultor de seguridad en juegos de azar
Sal en el estand de G2E en 2005. Crédito de la imagen: Dee Piacente.

¿El sicario de la protección del juego?

A pesar de conocer todos los trucos del oficio, Sal Piacente jamás ha hecho trampa en un casino por dinero. Todo lo contrario: ha dedicado su vida a ayudar a los casinos a protegerse. En sus conferencias, combina demostraciones en vivo con anécdotas, lo que lo convierte tanto en un consultor como en un verdadero hombre del entretenimiento.

Hablar con él es, honestamente, un placer —y créanme, soy escocesa, esa no es una palabra que use por usar—.

Sal sigue siendo una figura verdaderamente única en el mundo del juego. Ha vivido la época dorada de Las Vegas, ha presenciado la corporatización de los casinos y conserva el espíritu de los trucos callejeros que su padre le enseñó de niño. Su pasión por el engaño no tiene que ver con la trampa, sino con la comprensión, la enseñanza y la preservación de la justicia en el juego.

En una industria en la que la confianza y la trampa coexisten en constante tensión, todos necesitan a un Sal en su equipo. Lástima que solo haya uno.

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