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Los pioneros del juego en línea, segunda parte: Pontus Lindwall

Jillian Dingwall
Escrito por Jillian Dingwall
Traducido por Milagros Codo

El poder de la perseverancia y los nerds que usan gorra con hélice

Pontus playlist
Canciones que le recuerdan a Pontus sus inicios.

Corría el final de los noventa y Pontus Lindwall era plenamente consciente del impacto que Internet tendría en el mundo. Por aquel entonces, formaba parte de un grupo de emprendedores suecos con la misma visión y unidad. Los primeros “tech bros”, antes de que los de hoy lo arruinaran todo con sus náuticos y sus charlas TED emotivas. “El final de los noventa fue una época muy especial”, recuerda Pontus. “Porque en aquel entonces, solo unas pocas personas, un grupo muy pequeño, comprendían realmente que internet lo iba a cambiar todo. Cambiaría nuestra forma de interactuar. Cambiaría nuestra forma de consumir. Cambiaría nuestra forma de comunicarnos, de crear negocios, todo”.

“Éramos un grupo en Estocolmo”, dice. “Todos éramos emprendedores que habíamos creado empresas en diferentes sectores. Había bares a los que íbamos ciertos días de la semana para reunirnos y compartir nuestros avances y el estado de nuestros proyectos”.

Era idealista. Era esperanzador. Pero, sobre todo, era realmente emocionante. “Todos comprendimos que teníamos algo interesante; que podíamos hacer casi lo que quisiéramos. Si lográbamos crearlo, se convertiría en algo”.

El accidente que casi mata el sueño

Claro que no todos estaban convencidos de la revolución de internet. Es difícil imaginarlo ahora, pero al principio, la desconfianza del público hacia internet se filtró por todas partes, incluso en las decisiones de diseño web.

“Antes de nuestro lanzamiento, a finales de los años noventa, la gente percibía Internet como algo visualmente extraño y estéticamente oscuro, y que las personas detrás de las páginas web debían ser criminales o nerds que usan gorras con hélice”.

“Al final lo entendieron y aprendieron a confiar un poco más, pero en ese momento todavía había muchos escépticos”.

Luego, llegó marzo de 2000.

“Ese fue el final”, dice. “El llamado crac de las puntocom, donde muchas acciones perdieron su valor, lo que a su vez frenó drásticamente gran parte de la financiación”.

No fue solo el mercado el que se vio afectado. La marea cultural también cambió. Políticos que habían permanecido en silencio de repente opinaron. “Incluso un ministro sueco en aquel momento dijo que internet era solo una moda pasajera. Que había llegado y se había ido y que no iba a ser la gran revolución que todos creían que sería”.

Una generación entera de prometedoras empresas puntocom se derrumbó casi de la noche a la mañana.

“Había muchas empresas, buenas empresas con buenas ideas, que iban camino del éxito, y quebraron”, dice Pontus. “No consiguieron más financiación”.

Betsson
Los desarrolladores nunca se rinden. 1997.

Desde las cenizas

Estuvo muy cerca, pero NetEnt sobrevivió.

“Éramos bastante pequeños y nuestros propietarios aún creían en internet y en lo que podía hacer”, explica Pontus. “Así que redujimos un poco nuestra escala y nos aseguramos de que el flujo de caja negativo no fuera tan elevado. Y nos dieron la financiación para continuar”.

Pero, aun así, no fue un momento fácil.

“Vimos que las cifras iban en la dirección correcta, pero no tan rápido como esperábamos”, dice. “Y cuando recibes toda esta presión externa, de la junta directiva, entonces, sí, definitivamente hubo momentos en que empecé a cuestionarlo: ¿Será internet algo importante? ¿Fui demasiado optimista sobre la confianza de la gente en un servicio como este?”

Pero siguieron adelante y en algún momento durante 2002 tuvieron un flujo de caja positivo y se han mantenido así desde entonces.

Betsson entró al chat

A principios de la década de 2000, NetEnt se encontraba en una posición sólida. Los productos funcionaban, la empresa era estable y el caos inicial había dado paso a una sensación de verdadera estructura.

Lo cual, por supuesto, significaba que Pontus necesitaba un nuevo desafío.

Había acordado financiar un nuevo sitio web de juegos sueco llamado Betsson, que despegó con bastante rapidez. En 2005, Betsson fue adquirida formalmente por Cherryföretagen AB, la empresa dirigida por Pontus, que en aquel momento también era la empresa matriz de NetEnt.

“Teníamos un puerto B2B (NetEnt) que suministraba juegos de casino a muchos operadores, además de nuestras propias marcas y, por supuesto, la marca Betsson. Pero empezamos a darnos cuenta de que algunos de nuestros clientes del sector B2B no entendían que usáramos el dinero que nos pagaban por los juegos para invertir en Betsson.com, compitiendo así con nuestros clientes”.

Atrevido.

“Tenían razón”, admite Pontus, “así que decidimos reestructurar un poco la empresa, dividiendo la empresa en tres partes. Una era la parte B2B, que se distribuía a los accionistas. Una parte física, Cherry, que también se distribuía a los accionistas. Y luego mantuvimos a Betsson como operador B2C”.

“Ahí es donde realmente comenzó el viaje para Betsson como una empresa independiente con ambiciones de convertirse en un operador B2C global”.

El resto, como dicen, es historia.

Pontus Lindwall
NASDAQ le da la bienvenida a Betsson, 2009.

Una lección sobre cómo confiar en tu instinto

En la actualidad, Betsson es un nombre reconocido en la industria del juego. Pero en aquel entonces, el camino fue bastante accidentado. No existía un marco, ni regulaciones definidas, ni conferencias de la industria sobre cómo escalar su sector de juegos. Era solo un pequeño grupo de compañeros perspicaces que creían, incluso cuando el mercado no lo creía, que estaban en lo cierto.

Aunque ha operado bajo diferentes nombres y actividades a lo largo de los años, Betsson ha existido como empresa de juegos desde 1963 y ahora opera en 24 mercados regulados, emplea a más de 3000 personas y cotiza en bolsa; un legado que comenzó con la creencia de Pontus en el poder de la tecnología, y que finalmente aseguró su lugar como líder inquebrantable en la próspera industria actual del iGaming.

Es realmente asombroso hasta dónde puede llevarte una fe inquebrantable en la tecnología, un impresionante talento empresarial y una barba motivadora.

Betsson
Pontus (a la derecha), 1996. Comprobando si el concepto funciona con los técnicos.


¿Te perdiste la primera parte de la entrevista a Pontus? Puedes leerla aquí.


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